
Análisis del cuento “Esa mujer” de Rodolfo Walsh, del libro Los oficios terrestres, Ediciones de la Flor, 1965.
Una posible hipótesis para este cuento es la siguiente: el vacío alrededor de los nombres, no hay nombres en este relato. El vacío o ausencia de nombres es un principio estructurante de este cuento. Tanto el entrevistador, como el militar entrevistado, el cuerpo de la mujer de la que hablan: nadie tiene nombres.
Contextos posibles de climas de locura, entre dictaduras y gobiernos populares poco democráticos, represores que tampoco se destacan por respetar el pluralismo, como el militar que se emborracha en el relato. Que maldice. Que esconde datos. Que pide algunos papeles del entrevistador.
Todo es oscuro, todo es simulado, hipocresía—el entrevistador le pregunta por familiares perturbados del militar porque le tiraron una bomba, el entrevistador piensa: “me importa un carajo”. El clima de odio escondido o no, la paranoia en gran parte real, el militar tiene un arma y cuando percibe un ruido, sale al pasillo de su departamento armado, y comenta que ya no lo van a sorprender.
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Todo tiene el clima de lo totalitario: la locura, la paranoia en gran parte real, varios tiempos del desprecio. Entonces se entiende que ni el cadáver de la mujer de la que hablan tenga nombre, y mucho menos el entrevistador y su entrevistado militar.
El cuento está escrito en primera persona, abunda en diálogos y descripciones, y en pocas frases enunciativas. Sin conocer el contexto histórico en el que fue escrito es difícil comprenderlo o se perdería prácticamente todo su sentido. En el prólogo del libro se indica que la conversación realmente existió…
Si por ejemplo en un país con poca memoria o nula en unos cuantos, con muchos interesados en que no se tenga memoria, un país donde se dice que “pocos resisten un archivo”; si un adolescente lee este cuento o un adulto sin demasiada idea de la historia que inspira este cuento, podría sacar solo pocos datos.
Uno ya sabe antes de leerlo que el cuerpo es el del Eva Perón—o Evita para los muchos que la recuerdan con afecto—. El coronel es un tal Eugenio Moori Koenig que—según un suplemento que editó el diario Clarín de Buenos Aires, el domingo 15 de abril del 2007—significa “”rey de la ciénaga””—tiene por lo visto un apellido acorde a sus hechos…En ningún momento del escrito se cuenta que ese cuerpo es el de Evita. Sólo se nombra lo del título: Esa mujer. Como se la mencionaba después del derrocamiento de Perón, y como tampoco se podía decir el nombre de Perón. Se lo llamaba “el tirano prófugo” o el “dictador depuesto”. Por lo tanto si no se conoce el real nombre de “esa mujer”, quien era en realidad, la historia que rodea el escrito, se pierde todo.
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El coronel se cuenta que tuvo el cadáver de “esa mujer” y lo mostraba a sus conocidos, tenía por lo visto incluso cierta parafilia sexual con el cuerpo, como se relata en un diálogo que lo hacía el gallego que lo embalsamó. El cuento relata estas palabras del coronel, oculta que él era igual:
“—se le tiró encima, ese gallego asqueroso. Estaba enamorado del cadáver, la tocaba, la manoseaba los pezones. Le di una trompada, mire—el coronel se mira los nudillos–, que lo tiré contra la pared. Está todo podrido, no respetan ni la muerte.”
Se cuenta además de ciertos accidentes que tuvieron otros que tuvieron el cuerpo. Uno de estos militares llegó a matar a su mujer embarazada. Se perseguía con que la resistencia peronista lo seguía, y confundió a su mujer en la oscuridad. Otro tuvo un accidente. El coronel cuenta que le tiraron una bomba, que su hija quedó mal…La resistencia peronista dejaba flores donde creía que estaba el cuerpo de Evita desaparecido.
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Se leen varias menciones en el cuento sobre la forma de beber del coronel:
“El bebe con vigor, con salud, con entusiasmo, con alegría, con superioridad, con desprecio. Su cara cambia y cambia, mientras sus manos gordas hacen girar el vaso lentamente”.
Más adelante se lee:
“El coronel bebe, con ardor, con orgullo, con fiereza, con elocuencia, con método”.
Más adelante sigue:
“El coronel está de pie y bebe con coraje, con exasperación…”
Y otra vez:
“El coronel bebe, con ira, con tristeza, con miedo, con remordimiento.”
El alcohol parece todo un medio que tienen los protagonistas para destaparse, para hablar. Una forma de tener tranquilidad en medio de tanta locura. Una forma de compartir aunque no parezcan tener mucho en común. Se habla de un cuerpo que fue manoseado, que se habló de destruir, que lo rodea mucho odio y afecto, que casi divide a todo un país en dos. Los protagonistas parecen recurrir al alcohol para sacarse toda la tensión que tienen por ese cadáver, por “esa mujer”.
Toda una forma de destacar además un rasgo de un militar que terminó alcohólico. Y una guerra que parece rodearlo todo.
A todo esto se leen descripciones del departamento. Cuenta que se ve el río, que hay un cartel de una publicidad de coca cola. Los ruidos, los olores.
Se encuentran otras frases patéticas sobre lo que querían hacer con el cadáver, y una conclusión del coronel.
–“¿Qué querían hacer?”—pregunta el que lo entrevista, posiblemente el mismo Walsh, más allá de si el diálogo realmente existió, tiene su verosimilitud.
El coronel responde:
–“Fondearla en el río, tirarla de un avión, quemarla y arrojar los restos por el inodoro, diluirla en ácido. ¡Cuanta basura tiene que oír uno1”
Y luego llega su casi tan vigente conclusión sobre buena parte de la historia argentina, desde el pasado hasta el presente:
“Este país está cubierto de basura, uno no sabe de donde sale tanta basura, pero estamos todos hasta el cogote”.
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Luego el cuento tiene una serie de descripciones sobre el cuerpo de Evita, como estaba, como la vieron. El coronel cuenta:
“—Esa mujer—le oigo murmurar—. Estaba desnuda en el ataúd y parecía una virgen. La piel se le había vuelto transparente. Se veían las metástasis del cáncer, como esos dibujitos que uno hace en una ventanilla mojada.”
Más adelante:
“–…ya le dije que esa mujer estaba desnuda. Una diosa, y desnuda y muerta. Con toda la muerte al aire, ¿sabe?.. Con todo, con todo…”
Y más abajo:
–“Para mí no es nada—dice el coronel—Yo estoy acostumbrado a ver mujeres desnudas. Muchas en mi vida. Y hombres muertos. Muchos en Polonia, el 39. Yo era agregado militar, dése cuenta.”.
Luego cuenta que le cortaron un dedo para identificar las huellas digitales, se lee:
“—La impresión digital no agarra si el dedo está muerto. Hay que hidratarlo. Más tarde se lo pegamos.
–¿Y?
–Era ella. Esa mujer era ella.
–¿Muy cambiada?
–No, usted no me entiende. Igualita. Parecía que iba a hablar…”
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El coronel espera quedar limpio, dice haber leído a Hegel, tener perspectiva histórica, haber estudiado filosofía y letras, estar interesado por el arte.
Según los escritos posteriores, se sabe que el cuerpo de Evita fue devuelto a Perón en el 71, por el general Lanusse. Luego en la dictadura del 1976, algún almirante genocida conocido pensó en tirarlo al mar, como tiraron a tantos. Fiablemente lo devolvieron a su familia. Evita está en la Recoleta, cementerio lujoso que no encaja demasiado con su historia…

felicitaciones por el trabjo. Profesora en Letras Samanta Russo
Recién leí lo de la frustración por los estructuralistas, formalistas rusos…ya creo que con tanto vejamen poco importaban…Felicitaciones nuevamente y fuerza que la carrera es durísima como dura es la universidad, pero no hay que bajar los brazos. Siempre adelante